¿El glaucoma tiene cura? Lo que debes saber sobre esta enfermedad crónica
- Carlos Navas Villar
- 12 nov 2025
- 2 Min. de lectura
El glaucoma es una de las principales causas de pérdida visual irreversible en el mundo. A diferencia de otras enfermedades oculares, no produce síntomas evidentes en etapas tempranas, lo que hace que muchas personas no se den cuenta de que la padecen hasta que ya existe daño visual significativo.
Una de las preguntas más frecuentes en consulta es:
“Doctor, ¿el glaucoma se puede curar?”
La respuesta es clara: no existe una cura definitiva, pero sí es posible controlar la enfermedad de forma efectiva y preservar la visión si se detecta y trata a tiempo.

glaucoma: una enfermedad crónica y progresiva
El glaucoma se caracteriza por un daño progresivo del nervio óptico, generalmente relacionado con una presión intraocular elevada. Este daño no se puede revertir, por lo que la prevención y el control constante son la base del tratamiento.
Es una enfermedad crónica, es decir, que requiere vigilancia médica continua a lo largo de la vida. Con el tratamiento adecuado, la mayoría de los pacientes pueden mantener una buena visión y llevar una vida normal.
Por qué no tiene “cura”
El nervio óptico está formado por millones de fibras nerviosas que transmiten información visual al cerebro. Cuando el glaucoma las daña, esas fibras no se regeneran, y la pérdida de campo visual es permanente.
Los tratamientos disponibles no “reparan” el daño ya existente, pero sí evitan que el daño avance, lo que es clave para conservar la visión restante.
Tratamientos disponibles para controlar el glaucoma
El tratamiento se adapta al tipo de glaucoma y al estado de cada paciente. Entre las opciones más utilizadas se encuentran:
1. Colirios hipotensores
Son medicamentos en gotas que reducen la presión intraocular. Deben usarse de manera constante y sin interrupciones, ya que suspenderlos sin indicación médica puede acelerar el daño.
2. Tratamientos con láser
En ciertos tipos de glaucoma, el láser permite mejorar el drenaje del humor acuoso (el líquido dentro del ojo), ayudando a mantener la presión ocular en niveles seguros.
3. Cirugías filtrantes o mínimamente invasivas (MIGS)
Indicadas en casos donde los colirios o el láser no son suficientes. Estas técnicas buscan crear nuevas vías de drenaje o mejorar las existentes.
La detección temprana hace la diferencia
Como el glaucoma no da síntomas en sus etapas iniciales, las revisiones oftalmológicas periódicas son la herramienta más poderosa para prevenir pérdida visual. Los controles incluyen:
Medición de presión intraocular.
Evaluación del nervio óptico.
Campo visual.
Tomografía de coherencia óptica (OCT).
Detectar la enfermedad en etapas tempranas permite iniciar tratamiento a tiempo y conservar la visión a largo plazo.

El glaucoma no tiene cura, pero sí puede controlarse eficazmente. El éxito del tratamiento depende de tres factores clave:
Detección temprana.
Adherencia al tratamiento.
Seguimiento oftalmológico regular.
Si tienes factores de riesgo o no te has realizado una revisión ocular en los últimos 12 meses, programar una valoración especializada puede marcar la diferencia entre conservar o perder tu visión.








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